En el marco incomparable de la villa de Oyón, se conserva una interesante danza procesional y un vistoso ondeo de bandera que en la invernal festividad patronal, concentra a toda su población en la tradicional y añoja procesión a la habitual morada de los santos patronos, San Vicente y San Anastasio. La fiesta y sus dos tipos de danza suponen sendas joyas de las conocidas como danzas itinerantes de acompañamiento y los ritualizados ondeos de las enseñas locales, ambas tan propias de la comarca, que por un par de jornadas van a concentrar todas las miradas de propios y extraños.
Contexto geográfico y temporal
La localidad de Oyón se sitúa al sureste de la comarca de la Rioja Alavesa que en 1643, bajo el reinado de Felipe IV, se constituye esta villa que en su casco histórico, ve alzarse la iglesia patronal de Santa María (construida en el siglo XVIII, sobre la anterior del XV o XVI). En su interior, custodiadas por un altar renacentista, se encuentran los dos santos protagonistas de las fiestas: San Vicente y San Anastasio.
Ambos santos y mártires, según parece, fueron cruelmente torturados hasta su última exhalación y curiosamente, en los dos casos, coincide que su terrible muerte se produjo el mismo 22 de enero (San Vicente el año 304 y el converso monje persa conocido como Anastasio, el año 628). Emparejados por este hecho y destino, su culto común ha estado muy extendido en toda Italia y de allí, parece que se fue extendiendo por Europa.
Celebración patronal, inmersa en el corazón del periodo invernal, alejada de las conmemoraciones veraniegas u otoñales posteriores a la cosecha o la propia vendimia. Pese a ello, el 21 y 22 de enero, con importante boato Oyón celebra anualmente esta festividad patronal y así parece que históricamente se ha ratificado o sucedido, como esta documentado, desde el año 1676.
En una misma localidad, como ha continuación podemos ver, confluyen una serie de elementos tradicionales, quizás residuos de momentos históricos diferentes y que en el caso del tremolar de la bandera, junto con la figura arlequinada del «cachi», se nos antoja de un fuerte carácter medieval. A todo ello, le podemos adjuntar la presencia polifónica de los conocidos «auroros» de la zona, que le van a dar a la fiesta patronal un carácter singular.
El símbolo del martirio
que por los Santos pasó,
Oyón lo sella en la plaza
con la hoguera que quemó.
Las banderas y su Cachi
por Oyón también saldrán
y el Cachi con revolcones
las fiestas adornarán.
Cortejo y su indumentaria
En la villa de Oyón, durante las festividades patronales de San Vicente y San Anastasio (21 y 22 de enero), el síndico municipal y un personaje singular (vestido con traje de paño en dos colores: rojo y verde) conocido como «cachi» son los protagonistas del popular «revolcón del Cachi».
Al atardecer de la víspera (21 de enero), la comitiva parte desde el domicilio del «cachi» y al son de la música de la banda local, se dirigen al ayuntamiento. Aquí se les suman los concejales y el trajeado y enguantado síndico que porta ceremonialmente la enseña local (cruz aspada roja sobre fondo ajedrezado y ribete rojo), para dirigirse al atrio de la iglesia donde asistirán a vísperas una vez ondeada la bandera sobre el «cachi». Este singular personaje de la zona, viste con gorro puntiagudo, chaqueta y pantalones elaborados en dos colores alternados (rojo y verde) y porta en la mano, un palo donde lleva la piel de un conejo (zurriago). Acabados los oficios religiosos con el canto de la salve, regresan en solemne procesión civil a la plaza del municipio (donde, previamente, han encendido una hoguera con sarmientos a la que denominan «machos de San Vicente») y vuelven a tremolar la bandera.
El día principal de la fiesta (22 de enero), inciden en realizar el mismo recorrido y cortejo desde el ayuntamiento a la iglesia parroquial. Con la llamada «danza de los Patronos o jota de San Vicente» un grupo de 8 a 12 danzantes bajo la dirección del «bastonero o cachimorro», evolucionan avanzando y retrasando, al son de sus castañuelas, su marcha en la procesión de las fiestas patronales de Oyón. Donde acompañan a las imágenes de los santos patronos, a la corporación municipal, a la bandera local y al «cachi». Grupo de danzantes que en su composición e indumentaria, muestran constantes variaciones, así una veces la han realizado jóvenes de ambos sexos (ellas visten con faldas de blanco o a veces, llevan el clásico traje de hilanderas) o mozos u hombres solos (vistiendo con camisa y pantalones blancos, boina, pañuelo al cuello y faja roja que en el bastonero tornan a verde).
Asiste todo el pueblo a oír la solemne misa mayor que se celebra en la iglesia parroquial y en su interior, un nutrido coro de «auroros» finaliza sus madrugadores cantos. Terminada la misa, en el camino procesional, hacen un alto para prender la mecha del «toríco» (curioso artilugio pirotécnico) y llegados, frente a la casa consistorial, el «cachi» y el síndico vuelven a repetir, por última vez, su añojo y ceremonial ritual.
Danzas y coreografías
Los llamados genéricamente «baile o tremolar de la bandera» son conocidos en la comarca de la Rioja Alavesa, donde la enseña local es tratada con el máximo respeto y siempre deslizándola (evitando que se vaya a doblegar ante nadie o nada) por la fachada de la casa consistorial, ocupando un lugar preferencial en los cortejos procesionales, portada ceremoniosamente por el representante municipal, y tan sólo doblegándose como símbolo comunitario ante el poder divino.
Una vez llegados a los puntos establecidos en Oyón (atrio y plaza municipal) para el ondeo, síndico y «cachi» se sitúan enfrentados. El «Cachi» se tiende sobre el suelo y el síndico ondea o tremola la enseña local por encima de él, mientras aquel se revuelca de un lado a otro. Todo ello, se desarrolla a los compases de una novedosa habanera y su envolvente ritmo, interpretado por una agrupación musical.
Acabado el ceremonial del ondeo de la bandera, el «Cachi» se incorpora y lanzando su gorro al aire, grita: ¡Viva San Vicente y San Anastasio! (sentencia que lleva cosida en la espalda de su bicolor chaqueta). A lo que el público asistente contesta al unísono con un fuerte: ¡Viva!
Por otro lado, las danzas de acompañamiento (a veces, los danzantes se proveen de castañuelas) usadas en esta comarca funcionan a modo de pasacalles, sirviendo para desplazar y arropar a personas relevantes de la vida local, figuras religiosas o símbolos de gran significado comunitario.
De esta tipología es la «danza de los Patronos» de esta villa de Oyón y que presenta, ciertas concomitancias con la danza de La Cadena de Yécora. En una primera parte de esta coreografía dancística, los danzantes evolucionan en el sentido de avance de la procesión y donde por filas, a modo de ruedas sin fin, avanzan hasta que al llegar a la cabecera del grupo vuelven atrás por el interior de las filas paralelas. La segunda figura coreográfica se destaca por el enfrentamiento de las filas y por su evolución constante en cadena serpenteante.
Aquí los danzantes acompañan el ritmo con sus castañuelas y también el bastonero que les dirige, marcando el sentido de marcha y señalando con sus movimientos, arriba y abajo, o sus puntuales saltos, los cambios de evolución o ritmo del conjunto de danzantes.
Larrinaga Zugadi, Josu. (2026). Danzas de Oyón.
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