DANZAS DE LAGUARDIA

 

La apariencia amurallada y el marcado aire medieval de la villa de Laguardia parecen envolver tanto a sus barrios y habitantes como a las fiestas anuales, a sus dantzaris y al peculiar personaje que los guía, así como a la ceremonia dedicada a la enseña local y a la propia elaboración de esta. Ese mismo sello tradicional también se percibe en muchas de las danzas —los paloteados y las danzas de cintas o arcos— que se interpretan durante las fiestas mayores de San Juan Bautista y las menores de la cofradía de San Juan Degollado.

 

Contexto geográfico y temporal

La villa de Laguardia se ha convertido en el referente poblacional y en el símbolo más representativo de la fisonomía típica de las localidades de la comarca de Rioja Alavesa. Su origen se vincula a la construcción de un castillo‑fortaleza a comienzos del siglo X, impulsado por Sancho Abarca. Más tarde, su sucesor en el trono navarro, Sancho el Sabio, le concedió en 1164 la carta de población y el fuero de villa.
Durante el siglo XIII, bajo el reinado de Sancho el Fuerte, se levantó la muralla que rodea el núcleo urbano, con accesos situados en las puertas de San Juan, Santa Engracia, Páganos y Mercadal. Laguardia perteneció al reino de Navarra hasta mediados del siglo XIV; posteriormente, en 1481, pasó a integrarse en Castilla, y en 1486, ya con Fernando el Católico, se incorporó a la provincia y Hermandad de Álava.

En el ámbito artístico, aunque la iglesia de Santa María de los Reyes destaca por su portada gótica de finales del siglo XIV, desde la perspectiva festiva y dancística resulta especialmente relevante la iglesia de San Juan. Este templo, fruto de sucesivas reformas y ampliaciones, combina distintos estilos arquitectónicos. En él sobresalen el retablo mayor barroco del siglo XVII y la singular capilla de la Virgen del Pilar, construida en el siglo XVIII y situada entre lo barroco y lo neoclásico.

El municipio de Laguardia conserva un amplio repertorio de danzas, que se interpretan principalmente durante las fiestas patronales de San Juan Bautista (23 y 24 de junio), en las fiestas menores de San Juan Degollado (28 y 29 de agosto) y en la celebración de San Blas (3 de febrero) en el núcleo de Páganos.

Cortejo e indumentaria

El cortejo procesional comienza la víspera, cuando se va a buscar al alcalde y al síndico para acompañarlos hasta la plaza del ayuntamiento. La comparsa de danzantes, formada por dos hileras paralelas —una con unos ocho mozos y la otra con ocho mozas— avanza precedida por el cachimorro o cachiberrio, mientras que los gaiteros cierran la comitiva.

El cachimorro viste un gorro cónico de tela con ribetes rojos y verdes; una camisa floreada con cuello y un cinturón en forma de pétalos bicolores rematados con cascabeles; un calzón a juego; y medias y alpargatas de colores distintos. Lleva además un palo del que cuelga una piel de conejo, con el que va abriendo paso al cortejo.

Los danzantes llevan boina roja, camisa blanca larga con volantes y ribetes rojos, faja o banda roja, calzón blanco con cenefas del mismo color, medias blancas y alpargatas sujetas con cintas rojas. Las danzantes visten de forma similar, aunque sustituyen el calzón por una falda blanca y cambian los ribetes y lazos por tonos rosas.

En los pasacalles, tanto hacia el ayuntamiento como hacia la iglesia, portan un banderín que agitan mientras bailan: blanco y rojo en el caso de los chicos, y blanco y rosa en el de las chicas. En los troqueados, los mozos utilizan dos palos pequeños. En la danza de arcos, ambos grupos bailan con aros, y en la danza del árbol sujetan las cintas multicolores que cuelgan de un mástil alto.

Durante el recorrido hacia la iglesia, el orden de la comitiva es el siguiente: abre el cachimorro, seguido por los danzantes y los dulzaineros. Tras ellos marcha la banda municipal, que precede a la corporación civil (concejales, alcalde, teniente de alcalde, alguacil y el síndico con la bandera local). El síndico, vestido de gala, lleva guantes blancos y porta la enseña de Laguardia.

 

Danzas y coreografía

El llamado “revolteo de la bandera”, muy conocido en Laguardia, forma parte de las fiestas patronales de San Juan (24 de junio). Desde primera hora de la mañana, los danzantes recorren las casas de los miembros de la corporación municipal para recogerlos uno a uno. Una vez reunidos en el Ayuntamiento, se procede, con gran solemnidad, a descender la antigua enseña medieval de la villa. El alguacil la entrega ceremoniosamente al síndico, que la recibe con guantes blancos. Esta bandera, símbolo de la comunidad, solo se inclina ante lo divino.

Siguiendo siempre el orden tradicional —cachimorro, danzantes, gaiteros, músicos, corporación municipal con su bandera y el público—, el cortejo se dirige en procesión hacia la iglesia de San Juan. Allí se realiza una parada obligada en la capilla de la Virgen del Pilar. Tras rezar una salve y santiguarse, el síndico ondea la bandera con gran precisión y solemnidad, concluyendo el rito al extenderla en el suelo ante la imagen de la Virgen.

Después, los danzantes, guiados por el cachimorro, avanzan dentro del templo hasta el altar mayor. Frente al Santísimo Sacramento y a la imagen de San Juan, el síndico repite el tremolar de la bandera, que vuelve a depositar en el suelo del atrio. La melodía interpretada por los gaiteros en este momento recuerda, curiosamente, a la popular marcha de San Inazio de Loiola.

Los pasacalles de San Juan y de Laguardia, también conocidos como “danza de los Ramos”, son ejecutados por los danzantes. Ocho chicos y ocho chicas, en dos filas paralelas y precedidos por el cachimorro, acompañan primero al alcalde y después al síndico hasta la Casa Consistorial. Allí entregan flores a los miembros de la corporación y participan en los actos procesionales de la víspera y del día de San Juan Bautista. Durante sus desplazamientos, agitan una pequeña bandera bicolor mientras avanzan con saltos y giros laterales.

En la actualidad, tanto en San Juan Bautista como en la festividad menor de San Juan Degollado (28 y 29 de agosto), Laguardia mantiene viva una danza de palos —los Troqueados de San Juan Degollado— en la que los danzantes golpean arriba y abajo con los dos palos que portan, formando las tradicionales calles orientadas a los puntos cardinales. Al repertorio se ha sumado recientemente una Danza de arcos, creada en Vitoria-Gasteiz sobre la melodía del “Junco Verde” y adoptada por los danzantes de la villa. La clásica danza de cintas o “Danza del árbol” se ejecuta alrededor de un mástil del que cuelgan cintas que se trenzan y destrenzan. El ciclo se cierra hoy con la Jota de Laguardia.

Por su parte, el “Chula lai”, también llamado “Marmarisola” o “La Tarara”, es una danza popular que se interpreta varias veces en Páganos (localidad cercana a Laguardia) tanto la víspera como el día de San Blas (3 de febrero). En esta danza puede participar cualquier persona, sin distinción de edad o sexo, formando un corro cerrado en el que todos se enlazan de las manos, alternando hombres y mujeres. Es una danza cantada, cuyas letras hacen referencia a sucesos locales o a pueblos de la zona:

La Tarara vende vino
La Tarara vende pan
La Tarara el aguardiente,
La Tarara el mazapán.

Chulalai, chulalai, chula chula chulalai,
chulalai, chulalai, chula chula chulalai.

Navaridas se quema,
Páganos llora
las mozas de Laguardia
se ríen solas.

¡Ay, que se anega la barca!
¡Ay, que la barca se anega!
¡Ay, que se anega la barca
y el barquerito con ella!
Soy viudita la más bonita,
quiero casarme y no tengo con quién.

Ni contigo, ni contigo,
sólo contigo porque eres mi bien.

 

La danza se organiza en tres momentos bien diferenciados: primero, una serie de giros encadenados que funcionan como un pasacalles; después, con una música más suave, se desarrolla una parte marcada por los acercamientos y alejamientos hacia el centro del corro, acompañados del balanceo de las manos; y finalmente, la coreografía concluye con una tercera sección en la que los participantes se dan las tradicionales “culadas”.

 

 

Bibliografía

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